Cali, Colombia, año 2012. Nace un particular proyecto transmedia que mezcla cuatro disciplinas estéticas: la literatura ciberpunk latinoamericana, el diseño gráfico basado en el kitsch y pop art, el lenguaje audiovisual influenciado por Tarantino, Scorsese y Wes Anderson, entre otros, y, como eje central, la música afrolatina, cubana y neoyorquina. Todo hilado alrededor de una historia de ficción y realismo mágico, donde un héroe anónimo del «barrio obrero» (el barrio salsero de Cali), más conocido como «El Callegüeso”, emprende un viaje iniciático que lo lleva desde Cali, pasando por La Habana y finalmente llegando a la Nueva York de los años 40 para fundar una orquesta de música afrolatina llamada La Mambanegra. Este proyecto es El Callegüeso y La Mambanegra, donde Jacobo Vélez, artista multidisciplinar colombiano, dirige y crea desde todos los flancos.

Soy Jacobo Vélez, más conocido en el barrio bajo como El Callegüeso, director de una orquesta de break salsa llamada La Mambanegra, y para entenderla quiero que te imagines un planeta, un planeta llamado música afrolatina. Este globo que viaja por el tiempo y el espacio tiene dos continentes gigantes: uno de esos continentes se llama la música popular bailable cubana de los 60 y 70, y el otro es la salsa neoyorquina de la misma épocaEs clave entender que este mundo no es solo música, también es pop art, es kitsch latinoamericano, es Macondo, es TarantinoAlrededor de nuestro planeta orbitan unas lunas gigantes, algunas más grandes que otras y algunas más cercanas que otras. Una de las más grandes se llama funk, otra un poco más pequeña es conocida como el hip-hop, y otras tres que viajan a la misma velocidad son el reggae, el dancehall y el ragamuffin. Y hay una más, que aunque es la más chica, tiene una fuerza de gravedad muy potente: la música tradicional afrocolombiana.

Cada luna tiene estrellas que las iluminan. Una de esas grandes estrellas es Juan Formell y los Van Van, ilumina una luna que nació en los 60 en La Habana llamada el songo. Al lado de la luna conocida como funk hay una super estrella que la nutre de poder: James Brown. La luna que se conforma de la música jamaiquina está fuertemente influenciada por una estrella con forma de león: Bob Marley. Y así, ese firmamento influye todos los movimientos de nuestro planeta. Es importante anotar que se pueden divisar fácilmente desde el espacio placas tectónicas monumentales que hacen temblar la tierra cuando hablan. Una de esas placas tectonicas es conocida como Rubén Blades, y aunque hay más de suma importancia, cabe mencionar también a montañas descomunales como Miles Davis, Coltrane, Manu Chao, Silvio Rodríguez, Los Beatles y los Rolling Stones, entre otras formaciones. Pero el lugar más importante de este pequeño universo es el antiguo núcleo incandescente de nuestro planeta llamado Mamá África. Su impresionante fuerza de gravedad no solo logra engranar y darle equilibrio a este universo, también constantemente expulsa lava de una manera tan potente que sale de su atmósfera y logra cambiar el paisaje de nuestro universo, haciendo que surjan nuevas estrellas, lunas e incluso otros planetas.

La «sucursal del cielo»
Ese pequeño universo vive en el viejo barrio de mi corazón, y ese viejo barrio de mi corazón ha cocinado historias como esta en una ciudad llamada Cali, en Colombia, donde el calor tiene una manera particular de hablar
Cali es la segunda ciudad con más afrodescendientes de América Latina, una ciudad que no tiene una música tradicional pero que consolidó un romance con la música latina y la salsa que hasta el día de hoy la hace reconocida en el mundo como la capital mundial de la salsaes una ciudad que a las tres de la tarde empieza a bailar con la brisa y, mientras las palmas mueven sus caderas, unos insectos llamados chicharras empiezan a tocar la última sinfonía de su vidacasi siempre, a lo lejos, se escucha una campana imponiendo una monosílaba rítmica que corre por las venas de la gente caleña: co, titico titico, titico titidicen que suena a Changuitoun bajo profundo y antiguo a lo Juan Formell la acompaña, un tumbao de piano estilo Pupy los sigue de cerca y, si te dejas llevar por ese sonido, es posible que termines en una esquina de San Antonio con gente que siempre se ríe y baila cuando camina, y si sigues es muy probable que al final termines en un club de salsa escuchando una orquesta en vivo tocando algún clásico de Guayacán o NicheEso y más historias es mi orquesta, La Mambanegra.

El Callegüeso
En la primera década de este siglo, una de las muchas maneras que me permitían sobrevivir con la música era tocando jazz con mi saxofón. En uno de esos espacios donde solían llamarme coincidí con unos grandes amigos. En un cumpleaños que se celebraba en una casa colonial, grande y muy bella, el anfitrión, un fotógrafo muy reconocido, nos invitó a quedarnos después de la fiesta y a compartir con el resto de los invitados, y ahí fue donde realmente empezó la noche. La novia de un amigo me mostró una foto que le había llamado mucho la atención y que hacía parte de la obra del dueño de la casa: el retrato de una calle vieja en un barrio clásico de La Habana, Cuba. La reconocí de inmediato, porque ese lugar queda muy cerca del edificio donde nació y creció el legendario Chano Pozo, así que le dije que ese barrio se llamaba Cayo Hueso. A ella el nombre le pareció muy intrigante y quiso repetirlo, pero se equivocó y dijo el Callegüeso”. En ese momento me di cuenta de que ese error tenía algo especial; de hecho, le dije que me gustaba mucho y que me lo iba a quedar para un personaje que estaba construyendo como alter ego de un proyecto nuevo que venía desarrollando. Esa noche, sin que yo lo supiera del todo, había nacido El Callegüeso”.

A partir de ahí empecé a construir una historia que mezclaba elementos históricos con una dimensión más fantástica, conectando a mi bisabuelo con un recorrido entre Cali, La Habana y Nueva York. Dentro de ese relato aparecía un objeto central: una flauta traversa que, según la historia, le habría sido regalada en La Habana de los años cuarenta por el propio Chano Pozo. La flauta se llamaba La Mambanegra y tenía la capacidad de curar la enfermedad del olvido, devolviéndole la memoria a quien la tocara, algo que resultaba fundamental porque mi bisabuelo la había perdido después de haber sido golpeado y arrojado al mar por los marineros de un barco en el que viajaba como polizón rumbo a Nueva York. En la historia, él es rescatado cerca del puerto de La Habana por un babalao, quien no solo lo salva sino que también lo nombra: El Callegüeso. Con el tiempo, todo esto se fue convirtiendo en parte del performance; yo contaba la historia como si fuera real, sin aclarar del todo qué era cierto y qué no, y al final decía que había heredado esos poderes a partir de un encuentro con él, en el que me entregaba su sombrero y algunas partituras antes de desaparecer. Y es por eso que yo tengo una banda llamada La Mambanegra y a mí me dicen El Callegüeso.

La Mambanegra
Soy un gran seguidor de Tarantino, no puedo dejar de admirar su capacidad de contar historias de una manera tan potente. Una de esas historias es la que me detona la idea de encontrar un nombre que mezclara varios idiomas para, en ese entonces, mi nuevo proyecto: en un intercambio comercial entre dos súper asesinos de élite, surge una trampa mortal adentro de un maletín con un millón de dólares. Mientras uno de los asesinos cuenta el dinero, el otro, que es una mujer rubia con un parche en el ojo estilo pirata, ya tiene su trofeo: una katana (espada japonesa) fabricada por una leyenda, Hattori Hanzo. Justo cuando el asesino que la vendió está a la mitad del conteo del dinero, una serpiente salta de entre los billetes hacia su cara y lo pica repetidas vecesmientras agoniza en el suelo de su desgastado camper, ella saca una libreta y empieza a leer algo así: En África puedes encontrarte con un elefante y salir con vida, puedes encontrarte con un león y aún puedes salir con vida, puedes encontrarte con un búfalo y sí, también puedes salir con vida, pero si te encuentras con una Mamba Negra jamás podrás salir vivo de ese encuentro…”. Esa película se llama Kill Bill: Vol. 1. El caso es que cuando escuché el nombre de esa culebra dije: qué buen nombre para una orquesta de salsa. Al principio le puse La Black Mamba, luego se llamó Mamba Latina y al final decidí ponerle La Mambanegra.

Break Salsa
Ese proyecto es la búsqueda de ese sonido del que te hablo. Sucede que mi bisabuelo en 1930, más o menos, tenía un trío de música con un jamaiquino y un cubano. Entonces, una de mis obsesiones ha sido lograr cómo hubiera sonado la música de mi bisabuelo ahora, o esa intención de muchos músicos de muchos lugares del mundo haciendo una sola historia. Entonces aquí lo que hay es mucho funk, mucho ragamuffin, mucho hip-hop, y la salsa obviamente está presente. Yo le diría, el nombre que yo le doy es break salsa. El break en Estados Unidos pertenece a un movimiento que quebró la historia de la música norteamericana. El breakdance, de hecho, era la manera en que se bailaba el hip-hop. Y la salsa también… el breakdance viene de una cantidad de tendencias. Es el resultado de algo. Y la salsa también es el resultado de la música cubana, del jazz, del latin jazz y de lo que son los inmigrantes contando historias. Entonces creo que lo que estoy haciendo es un quiebre, un break a esta música que se toca en Cali, porque lo que sucede en Cali es la salsa típica. Cali es como una especie de cava de vinos. Y cuando tú entras a la cava, los vinos son acetatos. Por eso grabé un acetato. Y esos acetatos pertenecen a unos tipos que se llaman los coleccionistas, que conservan esos discos como un museo sonoro vivo en la ciudad.

Todo eso me alimenta para quebrar ese sonido que me encanta, pero proponerlo desde mis otras bandas sonoras. Es decir, en mi vida he tenido bandas sonoras como el hip-hop, el ragamuffin, el funk. Y lo que hago aquí es tratar de reunir todas esas bandas en mi propia historia, en lo que vivía cuando salía a rumbear a la calle. Mis amigos iban a oír salsa, pero ninguno se metía en un bar de música jamaicana. Solamente yo. Incluso era el único blanco que entraba, porque me atraía. Y finalmente esa música te habita. Cuando uno empieza a sacar esa información, termina siendo una mezcla de todo. Y eso es La Mamba: una mezcla de todas mis bandas sonoras.

El sabor de la guayaba
El sabor de la guayaba describe parte de la rutina de un taxista legendario llamado Lulo, que trabaja recogiendo historias en las calles de Cali. La historia empieza en la mañana en el barrio San Antonio y sigue con un desayuno en la Galería Alameda, la plaza popular de mercado clásica de la ciudad. Y aquí lo particular de su primera comida del día: su desayuno nunca lo pide con jugo de naranja artificial; considera que esos zumos prefabricados son malos para la memoria, así que prefiere el jugo de guayaba, latinoamericano, el más bacano. Mientras sigue su trajinar por el barrio Obrero y San Nicolás, barrios icónicos de Cali por la calidad de bailarines que ostentan, su radio lo acompaña. Ese transistor cargado de salsa es su copiloto. Y cuando llega la noche, sabe que a su taxi también se va a subir la oscuridad de una ciudad rumbera: incluso la muerte sedienta de alcohol y el diablo buscando almas perdidas. Y así, mientras la noche busca el amanecer, más y más personajes visitan su Chevrolet del 54. Al final logra resistir el agotador trabajo que día a día lo ayuda a recoger historias, gracias al jugo de guayaba. Ahora él mismo, Lulo y su taxi, son parte de mis historias. Ahora Lulo es la historia, enfrascada en una canción llamada El Sabor de la Guayaba.

El contador de historias
Antes que compositor, arreglista, productor, cantante, escritor, diseñador o cualquier rótulo que se me quiera poner, yo me considero más bien un amante de contar historias en el tiempo. El Callegüeso y La Mambanegra es la plataforma para usar varias disciplinas con las que he plasmado mis universos. Es el lugar donde he logrado cohesionar casi todas mis narrativas y darles sentido a través del personaje El Callegüeso. Pero definitivamente, el lenguaje que unifica todo es la música. Así que, al final, es La Mambanegra mi mayor laboratorio; es ahí donde puedo desarrollar con más sentido, ya que es la disciplina que estudié como profesión.

Mamba Latina
En el 2024 fui convocado por el curador del Teatro Julio Mario Santo Domingo para celebrar el cumpleaños de Bogotá. La idea era tocar las canciones compuestas por mí para La Mamba, pero con la Filarmónica de Bogotá. Así que empezó todo un proceso de conceptualización y de arreglos. Lo interesante fue que transformé el formato original de la banda, inspirándome en Los Van Van de Cuba, una orquesta con metales, cuerdas y maderas. Eso encajaba perfectamente con la lógica de una filarmónica. Así que a La Mambanegra le sumé violín, flauta traversa y teclado, y a este nuevo formato decidí llamarlo Mamba Latina”.

Mamba Latina se presentó por primera vez en Aracataca, en el Festival Macondo, lugar de nacimiento de Gabriel García Márquez. Esa fecha fue el 3 de agosto de 2025. Y cuando una banda toca por primera vez, nace. Así que ese día nació Mamba Latina. Ahora estoy preparando la grabación de un nuevo disco en la Universidad de los Andes, que se llamará Mamba Latina Sinfónica, y que será lanzado el 3 de agosto de 2026 para celebrar el nacimiento de esta nueva formación.

—> https://mambanegralatin.bandcamp.com/

—> https://www.youtube.com/@MambanegralatinMusica