De Cuba a Benín: una epopeya de la música afrolatina
Por: Jean-Discipline Adjomassokou

Jean-Discipline Adjomassokou comenzó su trayectoria como locutor en Radio UNIVERS, en la universidad, antes de orientarse hacia el periodismo. Ha formado a numerosos periodistas y locutores de medios de comunicación. Fue punto focal de IRIN Radio (Naciones Unidas) para Benín y Benín-Togo, y responsable del área de medios de comunicación del Centro WANAD de la Organización del Corredor Abiyán-Lagos. Hombre de cultura, actualmente es columnista musical, especialmente en Kiff FM y Radio Benín (SRTB), en Cotonú. Periodista, locutor, formador y guionista, también es creador de programas de radio y televisión. Inmerso en la música desde muy joven, conoció una época dorada de la música dahomeyana y beninesa. Invitado regularmente a impartir conferencias sobre música, nos ofrece aquí su testimonio sobre los orígenes y la evolución de la música latina y la salsa en Benín.
La historia de la salsa en Benín está profundamente ligada a las raíces africanas de la música afrocubana. A través de los intercambios culturales entre África y el Caribe, la música latina encontró en Benín un terreno fértil, dando lugar a una tradición musical única y al nacimiento de grandes orquestas que marcaron la historia de la música beninesa.

Las primeras influencias de la música latina en Bénín
Cuando era pequeño, en los años setenta, había discotecas, es decir, tiendas donde se vendían discos. En aquella época, el vinilo tenía mucho éxito y no era caro. Creo que los discos de 33 revoluciones costaban 1.000 francos CFA y los de 45 revoluciones, 500 francos. La única emisora de radio que existía, la radio estatal, difundía mucha música de otros lugares: música beninesa, africana, antillana y occidental. Así que nuestros padres, cuando escuchaban esa música, hacían el esfuerzo de ir a comprar los vinilos y llevarlos a casa para ponerlos.

En casa y en la radio escuchábamos mucha música latina. Mucho antes que nosotros, en tiempos de nuestros padres, ya había orquestas especializadas en música afrocubana aquí. Todos los fines de semana se organizaban fiestas por todas partes. En aquella época se decía que los dahomeyanos eran especialistas en salsa, porque todo el mundo aprendía a bailar este género. En África se decía que, si uno quería conocer a los verdaderos especialistas de la salsa, tenía que ir a Senegal, al Congo y a Benín. Descubrimos nuestra propia cultura a través de la música salsa. Por ejemplo, los instrumentos, los gongs, las castañuelas, la tumba y los tambores, que son de aquí, siguen haciéndose oír en la música latina. Por eso nuestros padres adoptaron la salsa muy rápidamente. La música latina no era en absoluto una música extranjera aquí. Además, los pasos de baile se parecían mucho a los de algunos ritmos tradicionales nuestros. De modo que la gente no tenía ninguna dificultad para aprender esta música y sus bailes.

Las raíces africanas de la salsa
Y luego está la cuestión de la lengua. Cuando los artistas benineses empezaron a hacer música salsa en fon, gun y otras lenguas como el yoruba, no tuvieron ninguna dificultad. Tanto es así que quienes no entendían el fon, el gun o el yoruba llegaban a pensar perfectamente que estaban escuchando a personas que hablaban español, cuando en realidad se trataba de lenguas locales. Esto llevó a la gente a investigar y descubrir que, en aquella época, nuestras músicas habían salido de aquí, habían llegado al Caribe y a América Latina, y después habían regresado a nuestro país. ¿A través de qué vías? Durante la colonización, los marineros portugueses llegaban a esta costa para entregar diferentes mercancías. Traían música y también difundían discos procedentes de América Latina, a partir de 1930. Venían con sus instrumentos y tocaban: bandas de viento, tambores y percusiones.

Los marineros portugueses y la llegada de los discos
En Cotonú hay un barrio llamado «Maro-Militaire», donde la gente había creado pequeños bares y cabarets. Los marineros portugueses acudían allí para escuchar música y dejaban sus discos a los propietarios de los establecimientos. Como vestían uniformes militares, la gente empezó a llamarlos «Maro-Militaires», es decir, marineros militares. Finalmente, ese nombre pasó a designar el barrio, situado en pleno centro de Cotonú. Eran hombres libres, a quienes les gustaba divertirse y olvidar las dificultades de la vida en el mar. Estaban lejos de sus familias, así que necesitaban escuchar música y compartir una copa con las personas que trabajaban con ellos aquí. Venían todos los días y, cuando llegaba la hora de embarcarse y partir, otros marineros ocupaban su lugar, y así sucesivamente. De esta manera, los dahomeyanos —los benineses de hoy— entraron en contacto con la música afro y la música latina. Los marineros traían todos aquellos discos de música latina, y no solamente música procedente de Cuba. También había música kompa, música de las Antillas y calipso.

El nacimiento de grandes orquestas
Así que, cuando los músicos de aquí decidieron formar orquestas, se plantearon la siguiente pregunta: «¿Qué tipo de música moderna le gusta a la población?»*. En primer lugar, la música latina, porque la gente se identificaba con ella. Después venían el blues, las baladas lentas, la música francesa —Charles Aznavour, Johnny Hallyday y muchos otros—. Interpretaban muchas canciones francesas y también recibieron la influencia de la música estadounidense: el blues, el jazz y el jerk, con James Brown, que triunfaba por aquel entonces. Pero la música latina se había convertido en la música de los benineses. Las primeras orquestas procedían de Ouidah, porque era allí donde se instalaban inicialmente los portugueses que llegaban en aquella época. Los jóvenes de la ciudad habían aprendido a manejar los instrumentos modernos, habían formado sus propias orquestas y habían comenzado a tocar.

Así se fundaron numerosas orquestas en el país, principalmente en Ouidah, Cotonú y Porto-Novo, pero también en Abomey y Parakou. Entre ellas estaban Mexicana Jazz, Super Star de Ouidah, Les Troubadours de Ouidah, Alfa Jazz, l’Orchestre Daho Jazz, Los Commandos, Black Santiago, Orchestre National Jazz du Dahomey, Les Panchos, Gnonnas Pédro & ses Dadjè, el grupo Sunny Black Band, que más tarde se convertiría en Poly Rythmo, Les Black Dragons de Porto-Novo, Ry-Da Jazz de la capitale, Les Sympathics de Porto-Novo, Les Volcans de la capitale, l’Orchestre Picoby Band d’Abomey, Rénova Band, l’Orchestre Anassoua de Parakou, l’Orchestre Anos de Parakou y l’Orchestre Super Borgou de Parakou, entre otros. Lo que tenían en común las orquestas de todas las ciudades de Benín era su especialización en música afrocubana, especialmente en salsa, aunque también se aventuraban en otros ritmos, como el highlife de Ghana, el soukous rumba de la República Democrática del Congo, el makossa de Camerún, el rhythm and blues y el jerk de Estados Unidos. Todas estas orquestas actuaban en bares y cabarets.

La revolución cultural de los 70’s
En 1972, el comandante Mathieu Kérékou tomó el poder y, en 1974, proclamó una orientación política basada en el marxismo-leninismo. A partir de entonces, la política cultural cambió de rumbo. Se orientó hacia los países comunistas y, sobre todo, hacia América Latina, especialmente Cuba. Fue a partir de ese momento cuando Aragon y Fania All-Stars vinieron a tocar aquí en varias ocasiones. Se invitaba a artistas y el propio Fidel Castro enviaba músicos a Benín. Estos llegaban con numerosos discos de música afrocubana. También hubo artistas y orquestas de aquí que actuaron allí, como Poly-Rythmo. Durante los años setenta y ochenta, el público beninés recibió la visita de Celia Cruz, Linda Leida y Johnny Pacheco, acompañado de su grupo Fania All Stars. Ofrecieron dos conciertos en Cotonú. Pudimos ver todo lo que eran capaces de hacer. Los benineses estaban orgullosos y bailaban salsa como los cubanos. También actuaron aquí otras orquestas, tanto beninesas como extranjeras, que interpretaban música afrocubana y música latina. Y Johnny Pacheco llegó a decir: «Pero si no tenemos nada que enseñarles. ¡Es su propia música la que han recuperado!».

Porto-Novo, capital de la salsa
En un momento dado, Porto-Novo llegó a ser considerada la capital de la música salsa, porque en esta ciudad había orquestas como Ry-Da Jazz de la capitale, Les Black Dragons, Les Volcans de la Capitale y Les Sympathics de Porto-Novo, entre otras, que se habían especializado en música afrocubana. En aquella época, todas las orquestas publicaban muchos discos y la mayoría de sus composiciones estaban inspiradas en la música afrocubana. Eran polifacéticas, pero su especialidad era la música latina. La Orsquesta Poly-Rythmo, como indica su propio nombre, era una orquesta versátil: tocaba de todo, pero la salsa siempre estaba presente en su repertorio.

También estaba el grupo Black Santiago, de Ignacio de Souza. Fue él quien creó el afrobeat, y no Fela Anikulapo Kuti. Ignacio había viajado a Ghana, donde invitaba a Fela a la capital ghanesa para asistir a sus conciertos. Cuando regresó a su país, Dahomey, Ignacio de Souza constató que el público local sentía una especial predilección por la música latina. Así fue como los músicos ghaneses que lo habían seguido hasta Dahomey no consiguieron adaptarse a la música salsa. Por eso decidió sustituirlos y orientarse hacia la música afrocubana.

El Rego, Gnonnas Pedro y otros personajes importantes
En Cotonú también comenzaron a formarse nuevas orquestas. Un ejemplo es El Régo. El Régo se había marchado a Senegal para estudiar y allí, en Dakar, se había iniciado en la música. Después viajó a Níger y, posteriormente, a Burkina Faso, donde se incorporó a la orquesta Harmonie Voltaïque. Cuando regresó, El Régo (Théophile de Rego) creó varias orquestas antes de fundar «El Régo & ses Commandos». Abrió tres cabarets en Cotonú y tocaba todas las noches. Acudía muchísima gente. Fue el promotor de «Play Boy», un bar de baile situado en el barrio de Jonquet, donde actuaba todas las noches con su orquesta e interpretaba música latina. El establecimiento todavía existe y sigue siendo un lugar animado. Una de sus particularidades era que hacía venir a mujeres, trabajadoras sexuales procedentes de Ghana y Nigeria, a quienes alojaba. Por las noches, ellas trabajaban atrayendo clientes al bar de baile. Él también tocaba y la gente acudía al local. Fue él quien dio nombre a todo el barrio y contribuyó a hacerlo famoso hasta nuestros días.


Otros artistas que aparecieron en escena durante los años setenta y ochenta fueron Sagbohan Danialou, Joël Lawani, Honoré Avolonto, Miguelito, Pierre Avohou, Lemed Janvier, Thierry Boco, Cornaire Salifou Michel, Yélouassi Adolphe, Cyrille Amadé, Dossou Isaac, conocido como Doslac, Martin Daniel, Antoine Dougbè y muchos otros. Todos ellos eran especialistas en salsa y música latina. Jospinto llegó hace más de treinta años y sigue dedicándose a la música salsa.

Gnonnas Pedro también hacía música latina, pero fue el músico senegalés-gambiano Laba Sosseh quien, durante una visita a Cotonú, le aconsejó: «Sí, te conozco. Haces una música muy bonita y cantas muy bien. Pero, con tu voz, deberías especializarte en música latina. Intenta recuperar las antiguas canciones cubanas, colombianas y puertorriqueñas» . Y así fue como Gnonnas Pedro llegó a ser conocido como un gran salsero a lo largo de toda su carrera.

La nueva generación y la herencia afro-cubana
Hoy han surgido nuevas orquestas, formadas por jóvenes músicos. Están 10 Volts, B52, B229, entre otras. Pero cuando estas orquestas interpretan música afrocubana, uno tiene la impresión de que son los propios cubanos o latinoamericanos quienes están tocando. Esto se debe a que los músicos han ampliado sus horizontes y han adquirido instrumentos modernos y de alto rendimiento. Cuando tocan, el sonido es completamente diferente. Al principio, aquí no había batería en la música. Se utilizaban más bien percusiones y la tumba. Por eso, cuando la gente escuchaba aquellas interpretaciones, muchos pensaban, incluso hasta hoy, que había una batería detrás de aquel sonido. La batería fue introducida en la música beninesa por El Régo en los años sesenta. El sintetizador también hizo su aparición. Los instrumentos de viento, los metales y las flautas ya existían en la música latina que se hacía aquí. Los músicos trabajaban mucho el talento, la voz y las composiciones.

Es cierto que los jóvenes que llegan hoy reciben influencias de estilos como el afro-pop, el afrobeat, el coupé-décalé y el amapiano, que incorporan a su música. Pero cuando alguien sigue el camino de la música afrocubana, esta elección sigue dando muy buenos resultados. Es el caso de Belmonde Z. Esto demuestra que la gente no quiere abandonar esta música. Se ha apropiado de ella y la considera parte de su propia identidad. También está Sagbohan Danialou, que compuso muchas canciones de salsa y música cubana que siguen sonando en las emisoras de radio y haciendo bailar a los amantes de la música. Compuso una canción en la que dice: «La música latina es nuestra música. Fueron nuestros padres quienes se marcharon de aquí llevándosela consigo; después nos regresó y nosotros la recuperamos para hacerla nuestra y seguir desarrollándola».