El polirítmico e iconográfico universo picotero,
Primera parte : los bailes
Por Carlos Mario Mojica, Don Alirio

Don Alirio es el alterego de Carlos Mario Mojica, barranquillero residente en la ciudad de Medellín, curador, selector, coleccionista e investigador musical con énfasis en el estudio y la protección de los sonidos de América Latina y el continente negro. Su selección musical rinde homenaje al barrio, a los bailes populares y a los sistemas de sonido ausentes de pretensiones, donde se profesa devoción a un único elemento: la música.
Definir la identidad de un barrio, de una ciudad, de un país o continente, siempre es posible hacerlo a través de la música. De esa forma nace Don Alirio, como consecuencia de un diálogo excitante y dubitativo entre público y pentagrama, eliminando cualquier tipo de límite entre ritmos y géneros, contando historias que marquen el proceso de globalización de un universo de discos que llegaron a las costas colombianas desde la década del cincuenta. (dibujo del léón : William Gutiérrez Peñalosa)
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LOS BAILES PICOTEROS

No cabe duda de que la Costa Caribe colombiana es el epicentro de la multisonoridad y uno de los puntos geográficos más importantes cuando de buscar vinilos se trata.
Establecidas como las fiestas más enriquecedoras de la música popular universal, las verbenas populares acapararon murmullos de admiración entre aficionados, bailarines y melómanos asistentes, no solo convirtieron al selector en el más fiel intermediario entre público y música, sino que marcaron el momento preciso de poner en práctica la destrucción de parámetros rítmicos rompiendo barreras de géneros, liderando un entorno propio con un único objetivo: el baile sin ningún tipo de complejos.

Desde sus inicios, las verbenas fueron respaldadas por poderosos artefactos sónicos decorados con las más increíbles evocaciones esteticistas que el pulso humano haya podido lograr: Los picós, apabullantes cajas parlantes de belleza inigualable y ajuste orquestal dinámico cuyos experimentos estereofónicos llegan al alma de quienes les veneramos. El término ‘Picó’ es la criollización del vocablo ingles ‘Pick up’, refiriéndose especificamente a la aguja revestida de acero para el modo «pick-up» que recoge el sonido del surco de los vinilos. Los picós nacieron a partir de la democratización del entretenimiento entre las clases populares, su origen, desarrollo y evolución se ha dado a pesar de la indiferencia de las administraciones distritales y gubernamentales.

LA GÉNESIS

No podría hablar con exactitud, sería irresponsable desde mi punto de vista establecer con certeza el lugar donde empezó todo, sin embargo, ese origen tiene testimonios que involucran a Barranquilla y a Cartagena, equilibrándose más hacia la primera por ser puerto maritimo importante en la costa atlántica colombiana, entrada de manifestaciones artísticas como el cine o la música y de plataformas de entretenimiento e información como la radio y la televisión.

La historia de los picós en Barranquilla nace desde finales de los 30 en el Barrio Chino, también en la llamada zona negra del Barrio San Roque. Para la década del 40 aparecen los primeros bailes con picó, tengo entendido que ‘Una noche en la selva’ fue uno de esos. Entre los 50 y 60 aparecen El Ultimo Hit, El Hit Del Momento, El Rumba, El Sabor Costeño, El Son Cubano, El Retorno, El Diamante, El Rumberito, El Ruiseñor, luego en los 70 llegan El Sicodélico, El Latín Soul, El Good Love, El Gran Pijuán, El Coreano N.1, El Timbalero, El Sibanicú, El Solista, El Gran Fidel, El Gran Che, El Gran Torres, El Rojo, El Isleño, El Gran Kong. En los 80 empieza una nueva era y aparecen los picós que de una u otra forma aprovecharon la llegada del formato digital cuando el análogo entraba en declive, esos fueron El Ray Stereo, El Mundy Stereo y Los Melódicos. Luego llegaron los fraccionados.

La mayoría de los picós tienen nombres de características apoteósicas, nombres que de una u otra forma demuestran potencia, poder, tal es el caso de El Dragón, El Implacable, El Destructor, El Huracán o El Ciclón, otros rinden homenaje a algún familiar como es el caso de El Coreano, llamado así en honor a Alfonso Navarro Soto, primo de Concepción Hernández, primer propietario, quien estuvo combatiendo en la guerra de Corea entre 1950 y 1953, hay quienes en su momento destacaron personajes históricos como El Gran Ché por el Che Guevara o el Gran Fidel por Fidel Castro. Algunos más saben lo que representan personajes de la mitología o de la historia, como King-Kong (El Gran Kong), Poseidón en el dibujo del Huracán. En fin, existen diferentes motivos, todos muy personales.

Crecí en el barrio Las Palmas de Barranquilla, rodeado de picós como ‘El Implacable’, ‘El Gran Jimmy’, ‘El Swing Safari’, de negocios de salsa como ‘Salsa 8’, ‘El Apolo 8’, ‘El Corrientazo, de artistas, de coleccionistas, de bailes callejeros y verbenas populares como ‘Alibabá y los 40 borrachos’, ‘Lluvia de locos’, ‘Amanecer de locos’, ‘A pleno sol’, ‘La Estera’, en fin , muchas.

Los barrios populares de Barranquilla, Cartagena y muchas otras ciudades de la costa caribe han sido verdaderos templos picoteros, templos donde la militancia de los sonidos más evocadores impera, recreando un amplio catálogo de fiestas y bailes, donde se construyó el más preciado y sólido de los legados, el más imaginativo, congruente y universal elogio jamás dado al corazón de la música, un largo cuento de maravillosas canciones que van más allá de una faceta disecadora de la vida cotidiana y una fecunda inspiración melódica. La agudeza critica y ese brillante eclecticismo sin reglas conviertieron los bailes picoteros en históricos puntos de referencia para juerguistas aficionados. Más allá de lo musical, la cultura picotera es una plataforma de creación microeconómica, item de gran importancia comunitaria por que a través de ella se benefician muchas familias que no solo viven del artefacto como tal, sino aquellas que mueven la venta de comidas, bebidas, viveres, accesorios y demás, a eso se le debe agregar la promoción de artistas emergentes tanto en el área musical como en la pictórica.

LA MÚSICA DE LOS PICÓS

En términos de orientación musical los picós lograron convertir las pistas de baile en verdaderos hervideros adoptando y promoviendo ritmos, estilos y géneros de cualquier rincón del mundo, configurando así una arquitectura melódica y rítmica de canciones contundentes, acompañadas de un sinnúmero de cuñas (placas) convertidas en manifiestos entusiastas de batalla.

En mi casa los discos giraban todo el tiempo con Pedro Laza y sus Pelayeros, Los Gaiteros de San Jacinto, salsa, ritmos antillanos y africanos, sonidos latinos, con esto quiero decir que en el polivalente y siempre inspirado temario picotero ha habido rastros de rock, disco, cumbia, hip hop, salsa, champeta, ragga, vallenato de la vieja escuela, funk, new wave e incluso melodías románticas y folclor árabe, un collage sonoro de paisajes africanos, sabrosuras antillanas y rarezas latinas que coincidían en la formulación de un concepto musical que hoy, seis décadas después, sigue vigente y con ganas de prolongarse.

Es indispensable resaltar la primera canción africana convertida en éxito picotero, se trata de ‘Mekua Mu Murako’, tema interpretado por Musengene Alphonse Et Son Groupe Folklorique de Zaire e impulsado por el picó El Sibanicú de Barranquilla. Otros temas importantes ‘Aki Special’ de Prince Nico Mbarga And Rocafil Jazz, ‘Help Yourself’ de Super Negro Bantous, más conocido como ‘El Ején’, ‘Soffry Soffry Catch Monkey’ de Ikenga Super Stars of Africa, más conocida como ‘La negra Sofi’ y Tantina de Zitany Neil, llamada en el círculo picotero como ‘El Satanás’.

La búsqueda de estos discos cuenta con la mano de cazadores o ‘diggers’ que trajeron los primeros éxitos picoteros a Barranquilla y Cartagena como Osman Torregrosa, Donaldo García o Luis Cortés, también de marineros que llegaban a la costa cargados de discos y otros por encargo.